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‘Las fases de la creatividad para el/la guionista’, por Javier García para Platino EDUCA

Lo primero que debe saberse sobre la creatividad es que todo ser humano convive con ella en su día a día de múltiples maneras exitosas. No es algo que posean unas pocas personas elegidas: todo Homo sapiens la tiene y la lleva utilizando desde hace millones de años. Hemos pasado de construir herramientas en piedra en el Paleolítico inferior hace 2,5 millones de años a mandar vehículos todoterreno a Marte en 1996 para estudiar su composición.

Partiendo de esa base, la creatividad es algo innato que aflora de diferentes maneras. Así que si por casualidad tienes la idea de que tú no puedes emplearla para escribir una historia, pintar un cuadro, dirigir una película o interpretar una escena, es un error. Lo que tienes que hacer es ponerla a tu servicio, como haces en multitud de problemas y decisiones que tomas todos los días de manera inconsciente.

Evidentemente, por mucha creatividad que uno tenga, si no dedicas tiempo a articular la idea que apareció un día en tu mente y te lanzas a la piscina de la página en blanco, de poco o nada servirá tu talento o la inspiración que te venga. Como bien decía Don Paco de Lucía cuando se le preguntaba por su creatividad a la hora de componer sus piezas de guitarra: «El 10% es inspiración (creatividad), y el 90% dedicación (trabajo)». O como también decía Don Pablo Picasso: «La inspiración es muy importante, pero más importante es que te visite cuando estés trabajando».

Una vez que venzas ese primer obstáculo de creer que no puedes escribir un guion porque no eres lo suficientemente creativo, es cuando viene el segundo escalón, que es en el que nos vamos a centrar más en detalle, ya que ocupa gran parte de quebraderos de cabeza que suponen los bloqueos. Compañeros de mochila de todo/a guionista, y con presencia en diferentes etapas de un mismo proyecto.

Siempre que nos sentamos delante de un folio en blanco para intentar extraer de la cabeza lo que queremos contar en un guion, nos vamos a enfrentar a muchas cuestiones que no siempre vamos a tener claras. No pasa nada, es normal, es un proceso orgánico que se va a ir formando poco a poco a medida que se escriba. Lo que sí es fundamental a la hora de comenzar el proceso es tener una férrea voluntad para hacerlo e invertir tiempo y energía, todo lo demás va a venir solo con constancia, paciencia y trabajo.

Lo cierto es que, al principio, podemos tener, o creer que tenemos, muchas cuestiones claras en la cabeza, pero a la hora de enfrentarte a esa primera página, verás que no es así. Una cosa es tenerlo en la cabeza, tanto en el consciente como inconsciente, y otra muy distinta es escribirlo en un formato de guion, con unas características propias del lenguaje audiovisual y dotándolo de sentido escénico y narrativo.

El miedo, la inseguridad o la inexperiencia son algunos de los condicionantes que aparecerán en el inicio y el desarrollo del proceso de escribir un guion; nos harán caer en bloqueos a la hora de no saber por dónde empezar, dudaremos varias veces de cómo continuar la historia, de qué escena escribir para dotar de carga dramática al momento, de que dirán mis personajes, de que harán mientras hablan, de cuál será el subtexto del diálogo…

Cuando eso pase, ya sea al comienzo de una historia, o en el desarrollo de la misma, es aconsejable oxigenar el cerebro y cambiar de actividad para salir del bloqueo. Ver cortometrajes, fotografías, pinturas, escuchar música, ir al teatro, al Prado, leerte un relato, ver una puesta de sol, tener una conversación con un ser querido… todo esto siempre ayuda a poner foco en otro lado. Se trata de liberar la tensión acumulada del bloqueo y desconectar la mente.

Cualquiera de las nobles artes que he citado puede ayudarte a salir de ese bloqueo, pero también existen otro tipo de actividades, no tan culturales, que también sirven de ayuda para engañar al cerebro cuando estás bloqueado, como por ejemplo: fregar los platos, limpiar la casa o salir a hacer ejercicio. Cualquier acción que implique una tarea mecánica y física, ayuda mucho a desbloquear mentalmente y empezar a ver puertas donde antes veías muros. Algo que no tenga nada que ver con lo mental, curiosamente, ayuda mucho a que circulen las ideas del inconsciente, y como por arte de magia, cuando estás fregando los platos, ensimismado y pendiente de quitar las manchas de grasa de la sartén, aparece la escena de inicio de tu película. La verás tan clara y nítida que te sorprenderá. En realidad, siempre estuvo ahí, siempre tuviste esa idea en la cabeza, pero ha tenido que pasar un tiempo de maduración/ incubación (en el consciente y en el inconsciente) para que se ilumine.

El cambio frente al bloqueo siempre te ayudará. No desesperes y cuando las cosas no fluyan en la escritura, párate y sal de ese bucle lo antes posible para oxigenarte. Eso no quiere decir que, a la primera de cambio o ante la más mínima duda de tu historia, tengas que salir corriendo y dejar el guion aparcado durante meses.

Una de las claves es disfrutar en el proceso de estar perdidos, dejarte llevar sin miedo. No olvidemos que escribir un guion, una novela, un relato o un poema puede ser algo catártico y liberador. En el momento que solo estás sufriendo en el proceso de escritura, debes parar y preguntarte: ¿qué pasa?, ¿por qué quiero contar esta historia? No obstante, los bloqueos, los miedos, las dudas… vendrán; no pasa nada, pero si somos conscientes de ello, y aun sabiéndolo, queremos contar esa historia que habita dentro de nosotros, nuestra mente buscará la manera de hacerlo. Solo tienes que confiar en ti, y por supuesto, tener constancia, paciencia y dedicar tiempo. Sin estas virtudes y actitudes, cuando nos venga el bloqueo, que vendrá, no tendremos suficiente solidez y contundencia para superarlo y probablemente abandonaremos el proceso.

Los bloqueos en las fases creativas son algo tan normal que sus fases están descritas desde hace siglos por diferentes ilustrados. James L. Adams escribirá sobre ellos en Guía y juegos para superar bloqueos mentales. También está el modelo que propuso en 1940 James Webb Young, que nos cuenta las cinco fases de la creación indicando que no se puede pasar a la siguiente antes de completar la anterior:

  1. Recogida de materia prima o información relacionada con el problema
  2. Trabajo de las ideas recopiladas masticando la información
  3. Incubación inconsciente
  4. Inspiración
  5. Configuración final de la idea para su utilización práctica

Otro autor que abordó el tema en profundidad fue John Dewey, pedagogo revolucionario, que formuló las fases de la siguiente manera:

  1. La dificultad percibida
  2. La comprensión y definición del problema
  3. Consideraciones hipotéticas de las distintas soluciones
  4. Comprobación de las soluciones adoptadas
  5. Aceptar o no la solución

Graham Wallas también dedicará parte de su estudio a elaborar un modelo creativo en el que las fases son:

  • Preparación: Consiste en percibir y analizar la situación, así como de todas las circunstancias que influyen en ella. Es un momento con alto grado de excitación, en el que la persona se ve impedida a investigar, analizar, experimentar y probar diferentes posibilidades para resolver el problema. Sin embargo, este es el primer estadio del proceso creativo. Es necesario que experimentemos esa fase de reconocimiento del problema y recogida de información.
  1. Incubación: Se trata de la interiorización del problema. Es un proceso interno e   inconsciente, que supone la abertura a nuevas relaciones. Al tratarse de un proceso interno, aparentemente no provoca ninguna respuesta externa. En ciertos casos, requiere de la desconexión del problema para así desechar estrategias erróneas e ineficaces. Es una etapa de gran tensión emocional ante la duda de si conseguirá o no el objetivo propuesto. Esta tensión se acrecienta en la medida en que aumenta el tiempo dedicado a esta fase. Es por ello que muchos proyectos son abandonados al pasar por esta etapa.
  2. Iluminación: La solución surge de improviso, es cuando todo cobra sentido de forma clara y nítida. Se trata de una fase de júbilo y entusiasmo, en la que el esfuerzo invertido obtiene su recompensa. Sin embargo, éste no es el final; todavía quedaría una última fase.
  3. Verificación: En esta fase se analiza, verifica y valida la solución adoptada. Es un momento emocionante y difícil, ya que estará repleto de incertidumbres e inseguridades ante las últimas decisiones.

Otro modelo creativo muy interesante es el propuesto por Arthur Koestler, quien atiende a los estados de conciencia de la siguiente manera:

  • Fase lógica: Comprende la definición del problema, la recogida de datos y una primera aproximación a las posibles soluciones. Ésta se identificaría con la fase de Preparación establecida por Wallas.
  • Fase intuitiva: Consiste en la redefinición del problema y la maduración mental de las opciones de resolución. En ella se produce la iluminación, es decir la revelación de la solución. En ella se incluirían las fases que Wallas llama Incubación e Iluminación.
  • Fase crítica: Se trata de análisis y verificación de la validez de la innovación. Es entonces cuando se aplican las últimas modificaciones para alcanzar la perfección. Sería la denominada por Wallas como Verificación.

Una visión más cercana al mundo del guionista es la que procesa Daniel Tubau, autor de El espectador es el protagonista, Las paradojas del guionista o El guion del siglo 21, en la que propone las fases de la siguiente manera:

  1. Planteamiento del problema
  2. Documentación e investigación
  3. Borradores y planteamientos iniciales (técnicas creativas y primer borrador). En esta fase es importante el hacerlo mal, vomitar todo lo que salga, aunque no tenga orden ni concierto.
  4. Incubación y descanso (primera iluminación: revelación)
  5. Planteamiento de principio a fin
  6. Investigación según las nuevas necesidades
  7. Puesta a prueba y comprobación
  8. Reescritura y proyecto final

Como puedes ver, en todos los diferentes modelos que se han ido planteando desde hace siglos a la hora de analizar las diferentes fases creativas por las que pasamos, se repiten conceptos como: plantear, incubar, documentarse, cambiar y reescribir. Con ello quiero dar importancia a que el proceso creativo de la escritura, así como cualquier disciplina artística, es un proceso orgánico, debe pasar un tiempo desde la idea y su incubación hasta su desarrollo. No desesperes en el intento si no te sale bien a la primera, le pasa a todo/a guionista. Localiza en qué fase estás y ponle foco para superarla. Nadie nace sabiendo hacer nada; el tiempo, la dedicación y la constancia te ayudarán a dar solución a todos los problemas que se presenten en el camino.

ACTIVIDADES

1º Escritura libre o automática: una buena opción para la página en blanco

Coge una libreta y un bolígrafo y escribe sin pensar y sin detenerte. Aunque no tenga sentido nada de lo que se articule en las frases. No pasa nada, tan solo escribe y escribe, y muy importante, no detenerte. No importa que no sea legible la letra, si hay faltas de ortografía, si se tuerce la línea… la única regla es no parar, no darle tiempo al cerebro para que te inunde de dudas, preguntas, problemas… Escribe y escribe sin apenas levantar el bolígrafo del papel, solo eso.

Al principio te costara, lo verás absurdo, una pérdida de tiempo. No hagas caso a esos primeros obstáculos que te vendrán de la mente e intentarán que no lo hagas. Cuando lleves un par de semanas haciéndolo, te sorprenderá cómo fluyen esos 10 minutos que le dediques al día y cómo te oxigenan para cuando quieras empezar a escribir tu historia.

2º Páginas matutinas (o vespertinas)

En su libro El camino del artista, Julia Cameron propone algo que personalmente he experimentado y puedo garantizar de su eficacia. Ella dice que todos los días, a primera o a última hora, escribas 3 páginas en una libreta del tema que quieras. Puedes utilizarlas a modo de diario, para escribir tus sueños cuando despiertas, una receta que te gustó, la letra de una canción que recuerdes, una emoción que te embriagó la noche anterior… No importa qué, pero escribe 3 páginas.

A diferencia de la escritura automática, en las páginas matutinas no hay un ritmo tan acelerado a la hora de escribir, pero tampoco se trata de dejar demasiado tiempo al cerebro para pensar el qué escribir. Se trata de que, una vez que te sientes a escribirlas, intentes no parar mucho.

Las frases tendrán mucho más sentido que en la escritura automática, pero que no te preocupe si en ocasiones no se entienden. Solo tú lo vas a leer.

Al principio te costará, incluso más que la escritura automática. Tendrás muchas resistencias a sentarte todos los días 30 o 40 minutos para escribir tus 3 páginas matutinas o vespertinas. Invertirás las primeras semanas mucho tiempo en ello, te agobiará el tener que hacerlo, incluso a veces abandonarás o dejarás espacios alargados en el tiempo entre las páginas. No pasa nada, no significará que lo estés haciendo mal ni mucho menos, cada uno/a tiene su ritmo interno y frecuencia idónea. Pero si eres constante (de la manera que sea la tuya), llegará un día en que disfrutes escribiendo las páginas y estas te ayudarán enormemente a que fluyan todas tus ideas, y luego tendrás más facilidad para, por ejemplo, escribir un guion.

BIBLIOGRAFÍA Y RECURSOS

  • James Webb Young -Sus estudios en materia publicitaria incluyen varios libros, entre los que se encuentran Ad Agency Compensation (1933), Diary of an Advertising Man (1944), How to become an Advertising Man (1963) y A Technique for Producing Ideas (1940).
  • El camino del artista, de Julia Cameron.
  • Mujeres de cine: el proceso creativo a través de la mirada de 10 directoras españolas, de Enrique Chuvieco.
  • Ellas también escriben: entrevistas a mujeres guionistas
  • Writing Heads: hablan los guionistas, largometraje documental impulsado por el Sindicato ALMA y dirigido por Alfonso S. Suárez
  • Blog El espectador es el protagonista, de Daniel Tubau.
  • Aprendercine.com. Web especializada en divulgación de formación cinematográfica

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