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‘Los orígenes del cine’, por Nadia Mata Portillo para Platino EDUCA

¿Alguna vez te has preguntado cómo sería la vida sin cine? ¿Sin televisión, sin internet, sin series ni películas, ni dibujos animados?

Pues hace poco más de un siglo, el mundo descubrió por primera vez cómo las imágenes fijas cobraban vida a través del movimiento.

Has viajado a finales del siglo XIX, el siglo de las luces. Ponte en la piel de alguien del año 1895, que recibe una invitación para asistir el 28 de diciembre a la primera proyección cinematográfica en el Gran Café de París. Sientes un poco de nervios, parece que vas a asistir al nacimiento de algo extraordinario. Las luces de la sala se apagan, sumiendo al público expectante en la oscuridad… Y de repente, las paredes se iluminan y sin previo aviso… ¡un tren se acerca a vosotros a toda velocidad! ¿Cómo reaccionarías? ¡Lo más seguro es que te apartaras para que el tren no te atropellara! Te costaría entender que esa locomotora en realidad es una proyección de una imagen en movimiento y que no corres peligro.

El cinematógrafo de los hermanos Lumière

Pero, ¿quién inventó el cine? ¿Quién diseñó el proceso capaz de captar y reproducir imágenes en movimiento?

Te invito a hacer un viaje en el tiempo y dar marcha atrás en la historia de la humanidad para despejar esta incógnita.

El ser humano siempre ha tenido la vocación de plasmar en imágenes sus experiencias, sus sueños, sus deseos. Muchos historiadores consideran las pinturas rupestres como la primera pantalla cinematográfica: es una teoría interesante.

¿Qué te parece? ¿Alguna vez te has preguntado por qué las pinturas prehistóricas reproducen animales con varias patas o con varias cabezas?

Imagínate a ti mismo, sentado en la oscuridad de la cueva, observando las pinturas a la luz parpadeante de la antorcha, con la acústica espectacular de la caverna, y entenderás que aquellos artistas pretendían expresar el movimiento de los animales, lo que sentían durante la caza, la rapidez de la carrera, el miedo y el respeto al animal, la adrenalina generada durante la lucha y el alivio al asegurarse la comida.

En realidad, la aparición del cine es la suma de diferentes avances e inventos a lo largo de la historia. Inventores, científicos, artistas y empresarios fueron dando respuestas de lo más variopinto, con artilugios y aparatos increíbles, al deseo de contar historias a través de la imagen. La aparición del cine es la suma de tres factores: la sofisticación en los sistemas de proyección de imágenes, el descubrimiento de la fotografía y la construcción de artefactos que generaban imágenes en movimiento.

Sofisticación en los sistemas de proyección de imágenes

La voluntad de los artistas por contar historias a una audiencia hizo que se fueran perfeccionando los aparatos de proyección de imágenes (todavía fijas). Encontramos así el siglo VII el Teatro de Sombras, en China, en el que se contaban historias fascinantes a través de la proyección de las sombras de unos títeres. Esta tradición llegó a Europa más tarde, dando lugar a la Linterna Mágica, un artefacto a través del cual se proyectaban imágenes pintadas sobre placas de vidrio. De hecho, la Linterna Mágica sería un predecesor de la experiencia colectiva del cine, ya que se organizaban sesiones en pequeños teatros para admirar las proyecciones. Sin embargo, dichas imágenes aún carecían de movimiento…

El descubrimiento de la fotografía

No se puede entender el nacimiento del cine sin su inmediata predecesora, la fotografía. La primera cámara de fotos se atribuye a los hermanos franceses Charles y Vincent Chevalier. Ellos fabricaron una cámara de madera en 1826 para Joseph Niepce, considerado el primer fotógrafo en la historia, y por fin, la imagen real podía plasmarse en una superficie y quedar reflejada para la posteridad. Previamente, los artistas ya utilizaban la Cámara Oscura, una caja herméticamente cerrada con sólo un agujero pequeño que deja entrar la luz que reflejan los objetos. Servía para captar una imagen real y proyectarla sobre una superficie.

Construcción de aparatos que captaran el movimiento

A mediados del siglo XIX, Joseph Plateau, un físico belga, definió el fenómeno persistencia retiniana, a través de la cual explicaba que la imagen permanecía en la retina un tiempo después de que la imagen hubiera desaparecido. Este hecho explicaría la imposibilidad del cerebro para percibir una secuencia de imágenes reproducidas a una velocidad como imágenes separadas, creando en su lugar la ilusión de continuidad y, por tanto, de movimiento. Piensa qué fascinante es que, en el fondo, la posibilidad de ver imágenes en movimiento sea producto de una ilusión óptica, como si de un truco de magia se tratara.

Este descubrimiento dio lugar a diferentes inventos, como el Fenaquistiscopio, el Zoótropo, o el Teatro Óptico de Emile Reynaud, que generan juegos ópticos que hacían las delicias de los espectadores de la época y ya unían dos conceptos que definirán el nacimiento del cine: la investigación científica y el entretenimiento del público.

A veces, anécdotas peculiares provocan pasos gigantes en la historia de la Humanidad: en 1872, Leland Stanford, gobernador del Estado de California y aficionado a las carreras de caballos, hizo una alocada apuesta: quería demostrar que, al galope, un caballo podía tener las cuatro patas en el aire, sin tocar el suelo.

¿A ti qué se te ocurre qué hizo para ganar la apuesta?

Sólo con una fotografía no podría captar la carrera del animal. Stanford contrató a uno de los fotógrafos e inventores más brillantes de Europa, Eadweard Muybridge, al que se le ocurrió colocar varias cámaras de fotos en una parte de la pista de carreras. Los disparadores de las cámaras estaban conectados a unos cables que los activarían en cuanto pasara el caballo galopando. Además, colocó un fondo blanco para que la silueta del caballo quedara más definida. Una de las siluetas confirmó las sospechas de Stanford ¡Y pudo ganar la apuesta! Y de paso, Muybridge descompuso el movimiento del caballo al galope en una famosa serie de doce fotografías.

Ya estás pensando como inventor, ¿verdad? ¿Qué harías con esas fotografías?

¡Exacto! Muybridge las colocó en el interior de un zoótropo y, cuando el dispositivo giraba, un observador podía ver, a través de sus ranuras, una imagen animada. ¡Por primera vez una imagen real en movimiento! Ya queda menos para llegar al gran protagonista: ¡el CINEMATÓGRAFO!

Podéis visitar las cámaras oscuras instaladas en diferentes lugares del mundo en el proyecto
https://www.camaraoscuraworld.com/listado/

“El caballo en movimiento” (1873), experimento de Eadweard Muybridge

Aprovechando la electricidad y el descubrimiento de Muybridge, Thomas Alva Edison, inventor de la bombilla eléctrica, patentó el Kinetoskopio en Estados Unidos, un aparato que reproducía una serie de imágenes que se ponían en movimiento al introducir una moneda. Era un aparato de uso individual, porque Edison no le vio el potencial económico para convertirlo en un espectáculo para un público mayor. Parece algo similar al uso individual que hacemos hoy en día de nuestros móviles cuando vemos vídeos de YouTube, por ejemplo. El kinetoscopio se hizo tan famoso que llegó a Europa. En París, los Lumière, dos hermanos que se dedicaban a la fotografía, se hicieron con un kinetoscopio para analizarlo, y decidieron trabajar en un aparato que consiguiera captar y proyectar imágenes en movimiento… con tanto éxito que consiguieron inventar el CINEMATÓGRAFO, o la primera cámara de cine de la historia, que además era proyector. Y sí, Lumière en francés significa LUZ. ¿No es genial que los creadores del cine se llamaran los Hermanos Luz? Las películas que rodaron los Hermanos Lumiére se convirtieron en un éxito de público. Entre los asistentes a esas primeras proyecciones se encontraba el gran George Méliès, que se convertiría en uno de los grandes cineastas de la historia.

Comienzos de un nuevo lenguaje: EL CINE

Fascinado por este invento, el mago George Méliès consigue una cámara de cine y enseguida comienza a experimentar con la imagen y a diseñar mundos fantásticos para sus películas. Un día, haciendo una prueba de cámara en una plaza de París, el cinematógrafo se estropea y se para a mitad de rodaje, justo en el momento en el que un coche de bomberos pasa por delante de la cámara. Méliès consigue arreglarla y, cuando vuelve a rodar, lo primero que pasa por delante de la lente es un coche fúnebre. Al revelar la película en su estudio y proyectarla, descubre un hecho mágico: ¡el coche de bomberos se convierte en un coche fúnebre! Méliès descubre el montaje cinematográfico y utiliza este recurso para hacer sus trucos visuales, también llamados stop tricks. También utilizó las exposiciones múltiples, las disoluciones, la cámara rápida o el uso del storyboard o guion gráfico. Todos estos trucos los utilizó en películas míticas como Viaje a la luna, uno de los primeros films de ciencia ficción inspirados en las novelas de Julio Verne.

¿Os habéis fijado en esos carteles en blanco y negro que cuentan parte de la historia en las películas de cine mudo? ¿Os habéis preguntado alguna vez para qué sirven?

¡Eso es! Como las películas no tenían sonido, los cineastas tenían que contar las historias con diferentes recursos, y entre ellos, estaban las cartelas, que explicaban algún aspecto de la trama que no quedara claro. Cineastas como Charles Chaplin o como David W. Griffith perfeccionan el lenguaje cinematográfico y a pesar de no tener sonido aún, consiguen emocionar al público a través de las interpretaciones de los actores, del montaje y de la puesta en escena de los diferentes recursos cinematográficos, como el valor de plano o la profundidad de campo.

Aquí termina este viaje a través de varios siglos para investigar los orígenes de la imagen en movimiento. Quizás ahora, cuando veáis una película en vuestro ordenador, podáis entender un poco más cómo se crea eso que se llama la magia del cine

Actividades

Y aquí os dejamos dos pequeños ejercicios divertidos y de fácil aplicación en el aula para hacer un experimento con la persistencia retiniana:

Filoscopio o flip book (en inglés) es un libro que contiene imágenes que varían levemente de una página a la siguiente para que, cuando las páginas se pasen rápidamente, las imágenes parezcan animarse simulando un movimiento.

Lo interesante del flip book es que no necesita grandes producciones ni materiales. Papel, lápiz y dedo. El espectador cumple una función: si no mueve su pulgar, no hay película. Para adelante, para atrás, sin indicaciones, sin prisa o con mucha se “hace la película”. Un libro en imágenes en movimiento. Eso es un folioscopio.

Un taumatropo es un artilugio con una imagen en cada una de sus caras que al girarlo rápidamente crea en el espectador la ilusión óptica de que ambas imágenes están juntas.

El ejemplo clásico de esta técnica es el pájaro que parece enjaulado, aunque las imágenes por separado representan simplemente un pájaro y una jaula. Para ello se emplea una estructura simple, normalmente circular, en la que se dibujan ambas caras. Una vez realizado el dibujo mediante una cuerda o en ocasiones un palo, hacemos girar el círculo y se aprecia el efecto visual.

VÍDEOS DE REFERENCIA

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